Goteo de miradas: 2014

martes, 25 de noviembre de 2014

Mujer mariposa

(C) Sandra Franco Álvarez - Producción Belén Pueyo, Irene Álvarez, Daniel Martín
Y justo cuando la oruga pensó que era su final, se convirtió en mariposa.

martes, 18 de noviembre de 2014

Prohibido vivir

(C) Sandra Franco Álvarez
Año 2016.
Se acostumbraron tanto a las prohibiciones, que la gente comenzó a desprenderse de las partes de su cuerpo que no podían utilizar. Empezó a ser habitual encontrarse piernas, brazos, labios, penes, dedos, ojos, y un largo etcétera. Las autoridades tuvieron la tentación de prohibir prohibir, pero…

Un texto de Daniel Martín Castellano

domingo, 9 de noviembre de 2014

No es tiempo

(C) Daniel Martín Castellano
No es tiempo de perderlo,
                                          ni de meterlo a empujones en una sonrisa.

No hay tiempo de pararlo en seco,
                                          ni de rebobinar la escena,
                                          ni de tarareos ni silbos,
                                          ni de espadas ni reproches.

Tampoco hay tiempo de miedos,
porque las sombras, inequívocas,
señalan nuestros aciertos
y nuestros errores.
Un texto de Daniel Martín Castellano
                                             

sábado, 1 de noviembre de 2014

Turquesamanía

(C) Daniel Martín Castellano

Le he pedido al doctor que no me prescriba píldoras para combatir la turquesamanía que sufro desde hace unos meses... Me hace sentir viva y joven a la par.
Un texto de Sandra Franco Álvarez

lunes, 13 de octubre de 2014

Tres cometas como hermanos

(C) Daniel Martín Castellano

Las tres cometas pidieron tres deseos:
  1. Divisar la montaña mágica.
  2. Sobrevolar el gran océano.
  3. Echar a volar a un niño con viento o con historias.
Se cumplieron.
                        Yo soy el niño que te lo cuento.
Un texto de Teresa Delgado Duque

viernes, 19 de septiembre de 2014

Carnaval

(C) Daniel Martín Castellano
Por fin consiguió que la cocodrila le prestara su vestido. Cuando subió al escenario para recibir su bien merecido premio de Reina del Carnaval de ese año, la embargó la emoción. Entonces ocurrió que cuando su primera lágrima tomó contacto con el asombroso atuendo que la cubría.

¡Zas! ¡Se quedó completamente desnuda!

Tanto ella, como los allí presentes, entendieron tácitamente, porqué los cocodrilos nunca lloran de emoción.

Un texto de Teresa Delgado Duque

lunes, 15 de septiembre de 2014

La gran marea

(C) Sandra Franco Álvarez
Las olas enmudecieron ante la llegada de la gran marea humana. Ocurrió que los hombres se convirtieron en medusas, estrellas de mar y en erizos. Los peces perdieron sus escamas. 

Un texto de Sandra Franco Álvarez

lunes, 8 de septiembre de 2014

Huecos

(C) Daniel Martín Castellano

En el amor,
                   las gaviotas
                   no tienen donde posarse.
Un texto de Daniel Martín Castellano



domingo, 31 de agosto de 2014

Una nueva cana

(C) Sandra Franco Álvarez

Esta mañana descubrí al mirarme en el espejo una nueva cana en la barba y recordé el día en que entendí que la vida es en gran medida como yo decido que sea. 

Puedo elegir sentirme preso por el paso de los años y añorar la libertad que tenía en la juventud, o por el contrario, optar por disfrutar de la experiencia adquirida en el camino… 

Con un poco de suerte, mañana puede que encuentre una nueva cana.
Un texto de Tomás Correa

lunes, 11 de agosto de 2014

Guerras

(C) Daniel Martín Castellano

Existe un lugar tras la mirada en donde conviven las guerras de fuera con las de dentro.

Un fino muro de piel que es, sin embargo, infranqueable e imposible de derribar ni aún a base de lamentaciones.

Cuentan que es desde ese lugar desde donde ha de venir lo que un día hará que lo que mira el hombre y lo que ve no construya, ladrillo a ladrillo su propio infierno.

Un texto de Teresa Delgado Duque

sábado, 12 de julio de 2014

A quién le importa lo que yo haga...

(C) Daniel Martín Castellano
Conocí un hombre a quién le importaba que la leche estuviese
en tetrabrick, en envases de cristal o plástico.
Conocí a otro que buscaba el sonido más puro
en una guitarra de cedro, koa o sapelly.
Conocí a uno que, intrigado, revolvía
en cajas, cajones, arcones y baúles,
                                                        según fuese otoño o verano,
                                                        la luna estuviese menguante o llena.
Conocí a alguno que coleccionaba
canas y retrovisores.
Conocí a un hombre de mirada perdida,
perdida el alma.
Conocí a muchos
                           que no querían saber nada de mi,
                           y me escondieron.

Un texto de Daniel Martín Castellano

lunes, 16 de junio de 2014

El negro petróleo de tus ojos

© Daniel Martín Castellano

En medio de aquella oleada de gente que avanzaba a ritmo de batucadas, chácaras, tambores hechos con piel de cabra, megáfonos, versos y cantos, te vi con tus ojos clavados sobre el cielo. Despertaste por alguna extraña casualidad o causalidad, toda nuestra atención (la mía y la de mi cámara). Me pregunté por qué mirabas fijamente ahí arriba o, si quizás, las melodías de todos aquellos instrumentos y voces al unísono, habían provocado en ti el efecto hipnotizador de un mantra.

En un momento, intentaste unirte al resto de miles de voces y soltar unas palabras con tus labios en forma de “O”. Pero, no, no llegó a oírse y tu boca se las volvió a tragar. Fue al enfocar a tus ojos (regla básica de la fotografía) cuando descubrí que ya tú veías este mundo desde el fundido negro de tus pupilas. No llevabas bastón ni perro guía pero allí parecías sentirte más protegido y prescindiste de ellos porque la oleada humana te guiaba en ese camino a la esperanza. Luego, apreté el botón y, en cuestión de segundos, te esfumaste entre la multitud… Te perdí. Aunque me quedó tú instantánea.

Un texto de Sandra Franco Álvarez.

jueves, 12 de junio de 2014

A Legal Alien

                                                                                                             (c) Sandra Franco Álvarez

Lately, I cannot stand anything or anyone that is too familiar. Don’t mind my solitude, I am evolving on to something that I am not ready to share either explain. Don’t mind my silence, or my ricocheted voice in the empty streets. I am a gypsy, a migrant soul but I need a new start. No past, no ties.

Un texto de Dina Koumatse Quintana

domingo, 8 de junio de 2014

#canariasdiceno



Imágenes tomada en la manifestación que se organizó el día 7 de junio en Las Palmas de Gran Canaria, donde miles de ciudadanos pidieron que se detuvieran los sondeos en aguas Canarias.

Queremos oler a sal (2)

© Sandra Franco Álvarez
#Canariasdiceno

sábado, 7 de junio de 2014

Cristales rotos

© Sandra Franco Álvarez


Se han roto.

Me escondí detrás de las piernas,
entre las farolas vivas y sus sombras,
en mis trajes y desnudos,
en mis mañanas vacuas.

Se han roto,
                   mis cristales,
                   mi carcelero.

Ahora tengo que aprender
a no mirar de reojo,
                                contigo.
Un texto de Daniel Martín Castellano

sábado, 31 de mayo de 2014

Queremos oler a sal

© Sandra Franco Álvarez
Queremos el mar que tenemos y no otro.
Queremos seguir oliendo su sal, esa sal que da sabor a nuestros labios.
Queremos nadar entre los peces.
Queremos aprender del mar. Respetamos su vida.
Queremos que su olor se siga quedando pegado a nuestra piel.
Su brisa, es la nuestra.
Nuestra casa está en el mar.

Queremos oler a sal.
Un texto de Sandra Franco Álvarez

miércoles, 30 de abril de 2014

Ahora, que soy música...

© Sandra Franco Álvarez
Las melodías son dulces porque las historias que las empujan son inquietantes.
Las tienes que dejar escapar.

Cuando aprendí a hacerlo, cerré los ojos por primera vez.
De esa manera, ni siquiera las conozco.

Antes no era así. Antes, antes de ser música,
procuraba que cada cosa estuviese en su lugar,
que cada nota hiciese lo que tenía que hacer,
que el silencio silenciase,
que las voces acallasen,
que los oídos escuchasen,
y que las palabras dijeran.

Ahora,
            ahora que soy música,
                                               cierro los ojos.
Un texto de Daniel Martín

miércoles, 23 de abril de 2014

Libros que aman

© Sandra Franco Álvarez

Libros que no lo son tanto.
Libros que libran.
Otros que pesan: mejor dejarlos en el camino,
                                                                         por ahora.

Libros que ríen a carcajadas.
Libros que lloran sin kleenex a mano.
Otros que saltan de estanterías en estanterías,
buscando sustentos en otras manos
                                                        que no sean las mías.

Libros que beben agua.
Libros que escupen cientos de palabras que no conozco.
Otros que se balancean en el borde del precipicio
esperando a que los empuje al olvido definitivo
o al abismo del recuerdo perenne,
                                                       en caso de que existiera.

Libros que arden y soplan impetuosamente.
Libros que agitan el pecho y nublan la vista.
Otros que pacientemente aguardan
el gesto constante del que busca infinitas vidas.

Libros, libros, libros,
                                  libros que aman.

Un texto de Daniel Martín Castellano

miércoles, 26 de marzo de 2014

El castañero

© Daniel Martín Castellano

Hay historias que ya están escritas, ésta es una de ellas. Sólo tengo que desempolvar los amarillentos folios guardados en los escondrijos de mi memoria y rebuscar entre mis recuerdos.

Su corteza era dura, áspera, habitada por colonias de hormigas que roían sus venas.

En sus entrañas carcomidas, ¡quién lo diría! , estaba su refugio. Un útero acogedor, cálido y seguro que abrigaba sus momentos de soledad y silencio. Se deslizaba por el hueco del tronco del castañero y pasaba en su interior tardes enteras, sumida en el más profundo silencio. Sólo escuchaba el eco de la voz de su madre: "¿dónde estará esa niña?” Horas y horas de letargo, de juegos inventados, de sueños construidos, de secretos...niñez vivida en el corazón profundo de un castañero.

Un día no regresó, no respondió a las desesperadas voces, se quedó dormida para siempre. Tal vez su cuerpo diminuto y frágil fue devorado por el hambriento árbol, todos dicen que sus frutos brotaron más que nunca aquel otoño. 

Las zarzas y las malas hierbas han colonizado hoy el castañero. Apenas se vislumbran sus gajos secos en medio de aquella abandonada veta de papas.

En silencio, lo contemplo desde la ventana, acurruco a mi hija bajo mi regazo y le cuento la historia de aquella niña que se escondía en el tronco de aquel árbol y un día, cuando regresó, nadie la reconoció porque ya era una mujer. Ella me mira y me sonríe, en el fondo sé que conoce mi secreto. Esa niña soy yo.

Un texto de Ana Lourdes Pérez Cabrera

jueves, 13 de marzo de 2014

45 segundos

© Sandra Franco Álvarez
Yo quería pintarlo con los mismos colores que me hicieron descubrir la plenitud de la Naturaleza. Quería inmortalizar la magia de ese lugar con el que siempre había soñado. Trasladarlo a un lienzo para que otros ojos pudieran disfrutar de este espacio sin tiempo. Pero no puedo. Pintar no es lo mío. Entonces, cogí la cámara de fotos y me puse a disparar desde todos los ángulos, una, y otra, y otra vez más, hasta que llegó el último disparo de mi Nikon y perdí el control. Me sumergí en el agua entre hojas de palmera y nenúfares, y desaparecí.

...

De repente, oí el bullicio de la calle, de los coches, de los niños que se dirigían al colegio. Empezaba un nuevo día
Un texto de Antonio Vega Ramos

sábado, 8 de marzo de 2014

Mujer genéticamente.

genes-2

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miércoles, 26 de febrero de 2014

El efecto ión o ionización por impacto.

© Sandra Franco Álvarez

Un ión negativo me dio en el ojo derecho.
No contento, rebotó en la punta de la nariz y se posó en mi beso.

Empecé a ver azul y a oler vida. Entonces di un respingo ligero de labios y…
¡Se me fue para introducirse voluptuoso en la boca del señor sentado!

Este dibujó una gran sonrisa y los rayos de luz se escaparon entre sus dientes.
Rebotaron en la cera-espejo,
                                             y los viandantes se erigieron.
Y el mundo,
                     volvió a rodar con energía renovada.
Un texto de Belén Pueyo

domingo, 16 de febrero de 2014

¡Se escapó!

© Sandra Franco Álvarez

Ayer huí.
No me da vergüenza reconocerlo.
¡En serio!
Tampoco lo digo por quedar bien (no tengo motivos para hacerlo).
Alguien dejó una puerta abierta y se despistó un instante.
                                                                                            Aproveché para escaparme.
No es que estuviese en una cárcel, pero casi.
Nunca he entendido la expresión "vive como Dios".
                                                                                    Que sabrán ellos que yo no sepa.

Un texto de Daniel Martín Castellano

domingo, 2 de febrero de 2014

Salvavidas

© Daniel Martín Castellano

Llegué a la isla con el corazón alegre tras haber dejado atrás el buen puñado de trámites administrativos que en los últimos meses habían acelerado el proceso de envejecimiento de mis neuronas. Al pisar aquella playa por primera vez, el olor a sal, a cebo y a lapas actuaron en mí como un elixir curalotodo. Quise inmortalizar el aroma. Por eso, sobre la marcha extraje de mi mochila un frasquito vacío que siempre llevo encima por eso de "quién sabe". Lo abrí y guardé en él lo intangible. Ya en el apartamento cogí la pequeña botella de cristal, la agité, la abrí y acto seguido inhalé profundamente su contenido. En nada, mi visión volvía a esa playa, custodiada únicamente por una decena de hamacas cuyos reflejos, tras la última pleamar, se convirtieron en espejos a los que me asomé. Ipso facto, había rejuvenecido diez años. El olor a sal, a cebo y a lapas resultó ser mi salvavidas.
Un texto de San Franco Álvarez

lunes, 20 de enero de 2014

Retenerte

© Sandra Franco Álvarez

¿Y yo? 
            ¿Podré vivir sin el mar?
Hoy me despido de ti, de tu olor,
                                                     de tu sabor y de tu color.
Mi retina quiere retenerte y nunca olvidarte.
Aquí, desde esta distancia te huelo, te veo,
                                                                    pero no te escucho.
Sin embargo, te oigo a ti mon amour susurrándome al oído.
Una mezcla perfecta,
                                   tú y el mar.
                                                      ¿Podré vivir sin los dos?
Un texto de Virginia Manchado

domingo, 5 de enero de 2014

En la arena

© Sandra Franco Álvarez

La mejor carta es la que se escribe en la arena; así estás obligado a volverla a trazar de nuevo cada día. Yo lo hago contigo. Cada mañana, incluso cuando el día no dibuja aún sombras en los transeúntes, me escurro a la orilla y escribo: "te quiero".
 
Un texto de Daniel Martín Castellano