Goteo de miradas: octubre 2013

jueves, 24 de octubre de 2013

Tres nudos

(C) Daniel Martín Castellano
-  Perdona, no quiero molestarte. Llevo un rato observándote y me gustaría hacerte un regalo.


Escuché su voz y yo, tendida en la arena, apenas tuve tiempo de incorporarme. Me sentía vulnerable en aquella playa nudista. Era guapo, voz susurrante, mirada profunda…

Me dejé llevar y, como si estuviera hipnotizada, acepté el regalo del enigmático desconocido. Se arrodilló a mi lado y me pidió que eligiera una de las pulseras que llevaba. Las gotas de sudor brillaban en su cuerpo, le miraba de reojo mientras extendía mi brazo y señalaba una de las pulseras del expositor.

- Déjame ponértela, voy a hacerle tres nudos, con cada nudo pide un deseo.

Le escuchaba mientras me quedaba enganchada a su mirada e imantada a su dorada piel siguiendo el recorrido de aquellas juguetonas gotitas de agua que se deslizaban por su pecho y por su frente. Apenas pude percibir el movimiento de su boca y sentir como se acercaba más y más a mí.

Sin pronunciar palabra obedecí.

Primer nudo, casi sentía su aliento en mi cara, primer deseo.

Segundo nudo, me rozó sin querer la mano, o tal vez se la rocé yo a él.

Tercer nudo, el tercer deseo se cumplió y sus labios aletearon suavemente sobre los míos. Se mantuvo inmóvil unos segundos, el tiempo suficiente para invitarme a pasar con él la tarde en el otro lado de la playa. Pude ver a través de su pelo mi realidad montando en bicicleta.

Texto de Ana Lourdes Pérez Cabrera

jueves, 17 de octubre de 2013

Aromas, sonido...

(C) Daniel Martín Castellano

Mañanas de sol y mercado. Aromas, sonidos, colores...

- Buenos días. ¿Qué tal Juanita?

- Bien, mi niño, ¿y tú?

- ¿Qué va a llevar?

- Como siempre; plátanos, naranjas, …

- ¿Ha visto que buenas están las mangas?, ¿le pongo alguna?

- Demasiado caras para mí, mi niño.

- ¿Y su esposo? No lo veo hoy.

- En casa, cuidando al nietillo.

- ¿Qué más le pongo ?

- “Más nada”, ¿qué te debo?

- Poca cosa; dos euros diez.

- Aquí tienes. Adiós, gracias.

- Gracias a usted, Juanita. Hasta mañana.

- Hasta mañana, mi niño.

Sol, aromas, sonidos, colores….
Texto de Loli Hernández Tetares

jueves, 10 de octubre de 2013

La mancha y el noruego

© Sandra Franco Álvarez
¿Un agujero blanco? Con la misma me abduce y me envía de nuevo a Noruega. Menos mal que mi pantalón rojo está muy conjuntado con la expansión del Universo. Esta espontánea filosofía del cálido subtrópico es lo que necesitamos en el norte de Europa, tan helados que somos, tan fríos. Me tiene fuera de mí esta manchita. Acabo de llegar de Oslo hace unas semanas. ¿Y si abro la cadena? No, mejor sigo directo hacia la playa. ¿No seré ésta la puerta del mundo?. Me voy a dar un buen chapuzón no sea que esta mancha me haga desaparecer del mapa. Soy un turista, debo cuidarme.


Texto de Juan Carlos De Sancho

jueves, 3 de octubre de 2013

El niño perdido

(C) Daniel Martín
En la cabecera de la cama había un enorme cuadro de la Virgen de las Nieves. Cada vez que me dolía el oído, mi abuela decía que ella me iba a curar y que a cambio iríamos en peregrinación hasta su ermita en agosto. Abuela no era una mujer devota, pero se aferraba a este recurso porque no tenía otro. Para darle consistencia su acto de fe, se apoyaba en "El niño perdido", un vecino del pueblo, por entonces ya anciano, que se había extraviado siendo muy niño en los Riscos de Famara a más de seiscientos metros de altitud.

Cuando todos esperaban encontrar su cuerpo inerte, apareció ileso. Según él le salvó aquella señora de la ermita llevándole de su mano.

Texto de Encarna Morín