Goteo de miradas: julio 2013

viernes, 26 de julio de 2013

Casa (y III)

(C) Daniel Martín

La calle se adivinaba. Se adivinaban las risas, el mercado, el chirriar del carro, las llamadas de la madre a las criaturas al caer la tarde. El olor de la siega, de los trigos maduros, de los animales camino a los pastos. El olor a sudor y a leche agria. Se intuían los dorados del atardecer hecho girones y el alba de la mañana. La niebla del otoño y la verdura de la primavera. El sabor a pan recién horneado y al hambre nunca muerta. Al vino seco y duro de la vega. 

No se engañe nadie, pensando que ha de durar lo que espera, más que duró lo que vio. Y ser tan ciega como para no ver que con cada tormenta , los colores del arco iris se desleían en la dulce lluvia, en un goteral interminable. Lo mismo que su vida se diluía en aquel encierro, tiñendo las paredes de la vida como su alma se teñía de locura al saberse muerta.

Texto de Yolanda Ortega Moral

jueves, 18 de julio de 2013

Casa (y I)


(C) Daniel Martín

Y allí quedó sola, entre las laderas de su barranco. 

Ya las piedras, rodadas por el paso de los años, se han ido acercando a sus ventanales. Aquellos mismos ventanales que algún día se mostraron abiertos a sueños de algunos. 

Ahora luce marcada por el paso del destino, ese mismo destino que con ella es implacable y sin embargo con su derredor es paciente, y dador aunque sea de austeridad. 

Y allí sigue, a duras penas, en el mismo rincón, en el mismo espacio de vida, en un atardecer con nubes que la sombrea y mantenida, acaso, por la ilusión de un reencuentro que seguramente no se dará.

Texto de Joaquín Nieto

jueves, 11 de julio de 2013

En el último vagón.

(C) Sandra Franco

En el último vagón compartí asiento con Sea; bastó muy poco para que comenzara a vomitar su vida. Su monótono silabeo y el traqueteo del tren hizo que me evadiera fácilmente mirando por la ventana, mientras me hacía el interesante asintiendo de vez en cuando. Es más fácil de lo que imaginas; aprendes rápido a hacerlo.

Texto de Daniel Martín

viernes, 5 de julio de 2013

Casa (y II)

(C) Daniel Martín

Al abandonarla, dejó la puerta abierta porque no era consciente de lo desordenada que quedaba… su conciencia.

Texto de Loly León